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miércoles, 11 de junio de 2008

Deshielo del permafrost

Alteraciones en ecosistemas como la tundra, desestabilización de edificios y carreteras, árboles que pierden su verticalidad, rutas migratorias afectadas, corrientes marinas y fluviales perturbadas o liberación de enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Son algunas de las consecuencias de que el permafrost, el subsuelo terrestre que permanece congelado, se esté derritiendo por efecto del calentamiento global.

Las regiones con permafrost ocupan una cuarta parte de las tierras emergidas del planeta, entre ellas las zonas polares y de alta montaña. Groenlandia está cubierta casi en su totalidad por permafrost, mientras que Canadá, Alaska, el norte de Europa, Asia o la Antártida cuentan con grandes zonas de este subsuelo congelado. En este sentido, algunas ciudades del Noreste de Siberia se han construido sobre este cimiento natural.

Cada vez más investigaciones alertan del derretimiento progresivo de esta capa de hielo como consecuencia del cambio climático. Según una simulación realizada en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR) estadounidense, de mantenerse las actuales condiciones, de aquí a 2050 la mitad del subsuelo helado del hemisferio norte podría desaparecer y, para 2100, hasta un 90% de la superficie actual.

En uno de los ríos más largos del mundo, el Lena, que atraviesa Siberia central y desemboca en el Océano Ártico, los efectos ya se perciben de manera notable. Así lo ha indicado un trabajo realizado por científicos franceses, rusos y estadounidenses, coordinados por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia.

Los investigadores han comprobado que cada año es mayor el permafrost de esta zona que se derrite, lo que provoca que esa agua de deshielo acabe en el Lena. El aumento del caudal del río está erosionando sus riberas, lo que constituye un grave peligro para los asentamientos urbanos cercanos. Asimismo, durante el invierno, el Lena congelado es utilizado para el transporte de mercancías por camión. Al estar perdiendo su grosor, esta "autopista" podría estar en peligro, lo que afectaría a la economía de la región.

Los científicos que estudian el cambio climático están otorgando al permafrost una importancia cada vez mayor. Si continúa su deshielo, además de sus negativas consecuencias sobre los ecosistemas o las infraestructuras humanas, contribuirá a intensificar el calentamiento global. Este hecho se debe a que en sus capas superiores almacena grandes cantidades de CO2 y metano, dos de los peores gases de efecto invernadero (GEI). Si el permafrost se derrite, estos gases contaminantes acabarían escapando a la atmósfera.


martes, 10 de junio de 2008

Ciudades ecológicas futuristas

Una ciudad totalmente sostenible, libre de gases contaminantes y de residuos, con sistemas energéticos y de climatización renovables y pensada para disfrutarla caminando o en transporte público ecológico. El sueño de cualquier ciudadano concienciado por el medio ambiente y su salud se va a hacer realidad en unos años. Se trata de las nuevas eco-ciudades de Dongtan, en China, y Masdar, en Emiratos Árabes Unidos. Tan sólo dos ejemplos que demuestran las ventajas de incorporar la sostenibilidad en las ciudades.

Con el actual ritmo de crecimiento, China podría estar abocada al colapso energético y demográfico en unos pocos años. De aquí a 2020 este país necesitará construir 400 nuevas ciudades -unas 30 al año- para acomodar a más de 300 millones de personas provenientes del entorno rural. Por ello, el concepto de desarrollo sostenible empieza a ser planteado como una buena opción. Un ejemplo de ello es el proyecto Dongtan que, basándose en las ciudades tradicionales chinas, propone construir una urbe totalmente ecológica en Chongming, la tercera isla más grande del país, en la boca del río Yangtse. La idea es que sus habitantes tengan todo lo necesario para no recurrir a la cercana Shanghai.

En Dongtan, los edificios no sobrepasarán las ocho plantas, los tejados estarán cubiertos de vegetación y las paredes de un aislamiento natural que reciclará el agua residual. La energía solar, eólica y la biomasa permitirán ser autosuficiente energéticamente a esta ciudad, y estará rodeada de kilómetros de vegetación. Por su parte, los residuos sólidos urbanos (RSU) serán reciclados hasta en un 80%.

A la hora de desplazarse, se promoverán los vehículos de hidrógeno, con autobuses urbanos y sistemas para compartir los pequeños utilitarios diseñados específicamente para esta ciudad. Por su parte, las motos eléctricas y las bicicletas sustituirán a las motos de gasolina. Asimismo, la ciudad tendrá seis veces más espacio para los peatones que por ejemplo Copenhague, una de las ciudades de Europa más concienciadas en ese aspecto. La primera fase de esta eco-ciudad se estima para 2010, mientras que su acabado final se produciría en 2040, según sus responsables, la empresa china Shanghai Industrial Investment Corporation (SIIC) y la británica Arup, que también ha participado en la construcción de instalaciones para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Otro proyecto de similares características se ha empezado a construir en Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos. Este país cuenta con una de las mayores reservas mundiales de crudo y gas, pero también es el que más recursos naturales per cápita gasta, según un informe de la organización ecologista WWF. El sultán Al-Jaber, consciente de esta vulnerable situación, se ha apoyado en el arquitecto británico Norman Foster para crear la "Ciudad Masdar", que significa "fuente" en árabe. El objetivo es finalizar en 2015 un complejo urbano totalmente sostenible de unos 6,5 kilómetros cuadrados y capaz de albergar a 50.000 personas y 1.500 empresas, en su mayor parte relacionadas con las energías renovables.

Masdar costará unos 15.000 millones de euros y su aspecto será el de una ciudad amurallada siguiendo la tradición de su entorno. Su interior, similar al estilo árabe "casbah", se ha pensado para aplacar las duras condiciones climatológicas de la zona: Los edificios, de no más de cinco plantas, se apiñarán en un entramado de calles estrechas y sombreadas y unas torres de viento harán de aire acondicionado natural, recogiendo las corrientes frías del desierto y expulsando de la ciudad el aire caliente. Por su parte, el agua se extraerá de una desaladora con energía solar.

Sus responsables afirman que la ciudad estará libre de dióxido de carbono y de residuos, y se abastecerá únicamente de energías renovables, solar y eólica principalmente, aunque también contará con la mayor planta de hidrógeno del mundo. Los coches tampoco se verán en Masdar, diseñada para un uso peatonal y para el desplazamiento en trenes ligeros accesibles a menos de 200 metros desde cualquier punto de la ciudad.


lunes, 9 de junio de 2008

Arizona contará con la mayor planta de energía solar del mundo

La empresa española Abengoa Solar construirá y operará durante 30 años en Arizona (Estados Unidos) la mayor planta solar de energía eléctrica del mundo. Se ubicará a 100 kilómetros al suroeste de Phoenix y entrará en funcionamiento en 2011. La central, que se llamará "Solana", tendrá una potencia de 280 megavatios -equivalente a una central térmica convencional-, que permitirán suministrar electricidad a cerca de 70.000 hogares y evitarán la emisión a la atmósfera de 400.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2).

"Solana", que ocupará una superficie aproximada de 800 hectáreas, utilizará la tecnología de colectores cilindro-parabólicos desarrollada por Abengoa Solar. Esta tecnología basa su funcionamiento en el seguimiento -por medio de un sistema de orientación continua- y en la concentración de los rayos solares, mediante espejos de alta precisión, en unos tubos receptores de alta eficiencia térmica localizados en la línea focal del cilindro, cuyo fluido, un aceite sintético, alcanza los 400 grados centígrados.

Este aceite caliente es colectado mediante lazos de unos 600 metros de tubo, y por medio de cambiadores de calor es transmitido a un tanque de sales fundidas que, por una parte, son capaces de almacenar el calor y, por otra, pueden convertirlo en vapor que, sobrecalentado a 380 grados, mueve unas turbinas de vapor convencionales que generan la energía eléctrica. El aceite es recogido de nuevo en un "tanque frío", a alrededor de 200 grados centígrados, desde donde es reintegrado al sistema cerrando su ciclo.

La planta solar contará, pues, con un dispositivo de almacenamiento térmico que permitirá producir electricidad cuando no haya sol, e incluso durante la noche a bajo rendimiento. El sistema de almacenamiento permitirá incrementar la producción eléctrica durante los picos de mayor consumo, que en esa zona de Estados Unidos de dan a las 14 y en torno a las 20 horas.


jueves, 5 de junio de 2008

Reflexiones sobre el Día Mundialdel Medio Ambiente

En diciembre de 1972 la asamblea general de la ONU designó la fecha de hoy, 5 de junio, como el Día Mundial del Medio Ambiente. Por eso, a partir de 1973, todos los habitantes de la tierra tenemos un Día para reflexionar sobre las repercusiones que nuestras actividades cotidianas están teniendo sobre el medio ambiente y para conocer qué medidas de acción debemos aplicar para el cuidado de nuestro entorno.

Y es que en los últimos 50 años la presión que ha venido ejerciendo el ser humano sobre la Tierra está causado un gran impacto ambiental, deterioro que ya detectaron los responsables de la ONU y que hoy en día se ha convertido en uno de los principales temas, no sólo de opinión, sino de acción.

Bajo el lema "Deje el hábito. Hacia una economía baja en carbono" se celebra hoy el Día Mundial del Medio Ambiente. El objetivo no es otro que el de concienciarnos en la necesidad de buscar el modo de reducir las emisiones de gases invernaderos. Seguramente hoy veremos a sectores de la sociedad manifestarse en alternativas de vida "limpias", también veremos, a través de los medios de comunicación, cómo en todo el mundo se celebran actos más o menos trascendentes pero con un mismo mensaje: "Debemos reducir las emisiones de CO² a la atmósfera para frenar el progresivo calentamiento de la tierra".

El medio ambiente es de todos y es responsabilidad de cada uno de nosotros cuidarlo, mantenerlo y mejorar la calidad del mismo, a través de las diferentes alternativas que se proponen. Cada ciudadano puede hacer mucho desde su casa, en su oficina, desde dejar de imprimir hojas, que irán directamente a la basura, cambiar el uso de focos normales por los ahorradores, usar menos el automóvil; en fin, las alternativas que están al alcance son muchas, simplemente hay que ponerle acción a las ideas.

Si bien los encargados de recoger la basura no atienden correctamente la separación de basura y acaban por revolverla, una iniciativa contra esta situación es realizar una composta con los desechos orgánicos de la casa. El cambio de actitud hacia el medio ambiente es indispensable para lograr el éxito en el desarrollo de los temas y políticas ambientales.

El Día Mundial del Medio Ambiente debería celebrarse todos los días, utilizando quizás desfiles de personas en bicicletas, competencias de reciclaje, un día excelente para plantar árboles. Si los ciudadanos comienzan este movimiento, generarán acciones políticas a favor de todos, pero principalmente del ambiente. La cultura por preservar y cuidar el medio ambiente que nos rodea es un compromiso que se ha ido extendido de forma positiva, aunque aún existen las personas que simplemente lo ignoran y es a ellos a quienes debemos informar acerca de la situación. Dar alternativas sobre el cuidado del ambiente es responsabilidad de todos.

miércoles, 4 de junio de 2008

El número de insectos se multiplicará debido al calentamiento global

Una investigación divulgada, sobre un calentamiento global precedente en la historia de la Tierra llega a la conclusión de que entonces se multiplicó el consumo de alimentos por parte de los insectos. Por este motivo, apunta que el cambio climático actual supondrá un daño para las cosechas y acelerará la deforestación. Los investigadores, que estudiaron el impacto de ese calentamiento en la flora prehistórica, hallaron que éste provocó un gran daño en la vegetación. Las plantas prehistóricas, a su juicio, fueron víctimas de un intenso ataque de una población de insectos extrañamente abundante y voraz.

Los científicos creen que el incremento de las temperaturas causó una migración de insectos desde los trópicos a nuevos hábitats en latitudes tradicionalmente más frías, mientras que niveles más altos de dióxido de carbono dificultaron su acceso a los nutrientes que contienen las plantas. "Nuestro estudio muestra convincentemente que hay un vínculo entre la temperatura y el consumo de hojas por parte de los insectos", dijo Ellen Currano, una estudiante de postgrado de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos).

"Cuando aumenta la temperatura, también se incrementa la diversidad del daño causado por la alimentación de los insectos en las (diferentes) especies de plantas", agregó la autora principal del estudio, publicado en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences" (PNAS). Currano y sus colegas examinaron más de 5.000 fósiles de hojas que hallaron en la cuenca del río Bighorn, en Wyoming (oeste de Estados Unidos), que datan del periodo conocido como Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), y los años inmediatamente anteriores y posteriores.

El PETM fue un periodo de calentamiento abrupto ocurrido hace unos 56 millones de años y que coincidió con una triplicación temporal del dióxido de carbono en la atmósfera. Los científicos dicen que ese periodo es comparable al actual cambio climático, que resulta, en gran parte, de la emisión de gases de efecto invernadero.


martes, 3 de junio de 2008

14 pre­gun­tas so­bre el cam­bio cli­má­ti­co

1) ¿Qué es y de qué de­pen­de el cli­ma?
Des­de el si­glo XX el cli­ma pu­so én­fa­sis en los cam­bios de es­ta­do de la at­mós­fe­ra. El cli­ma es­tá go­ber­na­do por la ra­dia­ción so­lar y es el re­sul­ta­do de las in­te­rac­cio­nes de cin­co sub­sis­te­mas: at­mós­fe­ra (ca­pa ga­seo­sa que ro­dea el pla­ne­ta), hi­drós­fe­ra (aguas con­ti­nen­ta­les y ma­ri­nas), criós­fe­ra (agua en es­ta­do só­li­do), li­tós­fe­ra (equi­li­brio en­tre to­dos los com­po­nen­tes de in­te­rac­ción or­gá­ni­ca y mi­ne­ral) y biós­fe­ra (evo­lu­ción na­tu­ral del me­dio am­bien­te). La ener­gía so­lar es ab­sor­bi­da por la su­per­fi­cie te­rres­tre y re­mi­ti­da al es­pa­cio por cier­tos ga­ses at­mos­fé­ri­cos, lo que pro­du­ce el de­no­mi­na­do ‘efec­to in­ver­na­de­ro’.


2) ¿Có­mo ha evo­lu­cio­na­do la at­mós­fe­ra de la Tie­rra has­ta lle­gar a su con­fi­gu­ra­ción ac­tual?
La at­mós­fe­ra es la ca­pa pro­tec­to­ra, cons­ti­tui­da por ga­ses, que en­vuel­ven al pla­ne­ta. El pe­río­do de for­ma­ción de la Tie­rra du­ró mi­llo­nes de años y a me­di­da que fue en­frián­do­se se fue ha­cien­do más es­ta­ble. La vi­da tie­ne co­mien­zo 3.500 mi­llo­nes de años atrás con una at­mós­fe­ra irres­pi­ra­ble pa­ra los se­res ac­tua­les. Ha­ce 1.500 mi­llo­nes de años, ocu­pan­do el oxí­ge­no só­lo el 1% de los pro­duc­tos at­mos­fé­ri­cos, se for­ma la ca­pa de ozo­no. Y 700 mi­llo­nes de años des­pués las con­cen­tra­cio­nes de ozo­no y oxí­ge­no se acer­ca­ron a las ac­tua­les. La com­po­si­ción ac­tual de la at­mós­fe­ra tie­ne la si­guien­te pro­por­ción: ni­tró­ge­no, 78,084%; oxí­ge­no, 20,946; ar­gón, 0,934; dió­xi­do de car­bo­no, 360 ppm; neón, 18,18 ppm; he­lio, 5,24 ppm; me­ta­no, 1,6 ppm; krip­tón, 1,14 ppm; hi­dró­ge­no, 0,5 ppm; óxi­do ni­tro­so, 0,3 ppm; y xe­nón, 0,087 ppm.

3) ¿Qué es el efec­to in­ver­na­de­ro?
La ra­dia­ción so­lar se com­po­ne de va­rias frac­cio­nes, en­tre ellas la in­fra­rro­ja, la vi­si­ble y la ul­tra­vio­le­ta. En la su­per­fi­cie de la Tie­rra una par­te es ab­sor­bi­da, pe­ro otra es re­fle­ja­da de nue­vo ha­cia el ex­te­rior y cae en la ra­dia­ción in­fra­rro­ja, que se es­ca­pa­ría al es­pa­cio si en la at­mós­fe­ra no exis­tie­ran mo­lé­cu­las que la atra­pan. Esas mo­lé­cu­las co­rres­pon­den, por el efec­to que pro­du­cen, a los ‘ga­ses in­ver­na­de­ros’. La fo­to­sín­te­sis re­du­jo las con­cen­tra­cio­nes de dió­xi­do de car­bo­no, pe­ro las ac­ti­vi­da­des in­dus­tria­les des­de el si­glo XVIII con­tri­bu­ye­ron al au­men­to de su con­cen­tra­ción.

4) ¿Se da es­te efec­to en otros pla­ne­tas?
Don­de exis­te at­mós­fe­ra, el efec­to in­ver­na­de­ro es­tá pre­sen­te. Mer­cu­rio, el pri­me­ro de los pla­ne­tas del sis­te­ma so­lar, no lo po­see por ca­re­cer de ella, al igual que se da en la Lu­na. Ve­nus, por ca­so, po­see una at­mós­fe­ra es­pe­sa cons­ti­tui­da por dió­xi­do de car­bo­no y va­por de agua, pe­ro en tan al­ta pro­por­ción que am­bos pro­duc­tos ge­ne­ran un po­ten­te efec­to in­ver­na­de­ro del que re­sul­ta una tem­pe­ra­tu­ra que os­ci­la en­tre 400 y 800 gra­dos.

5) ¿Ha exis­ti­do siem­pre el efec­to in­ver­na­de­ro?
Siem­pre exis­tió en la Tie­rra el efec­to in­ver­na­de­ro que com­pen­sa­ba la de­bi­li­dad de las ra­dia­cio­nes so­la­res. Ac­tual­men­te, exis­te tam­bién un fe­nó­me­no pro­vo­ca­do por dió­xi­do de car­bo­no y va­por del agua. Ha­ce 4.500 mi­llo­nes de años la lu­mi­no­si­dad so­lar era un 25% me­nor a la ac­tual. El pa­pel mo­de­ra­dor del dió­xi­do de car­bo­no es una de las cla­ves de la evo­lu­ción de nues­tro pla­ne­ta y de su ha­bi­ta­bi­li­dad, des­de ha­ce 3.500 mi­llo­nes de años.

6) ¿Qué ga­ses ori­gi­nan el efec­to in­ver­na­de­ro?
Los ga­ses más im­por­tan­tes que ge­ne­ran el efec­to in­ver­na­de­ro son: dió­xi­do de car­bo­no, va­por de agua, me­ta­no, óxi­do ni­tro­so, ozo­no, CFC y sus sus­ti­tu­tos. El dió­xi­do de car­bo­no y el va­por de agua son dos com­po­nen­tes na­tu­ra­les de la at­mós­fe­ra. El pri­me­ro vie­ne ex­pe­ri­men­tan­do un cre­ci­mien­to y se lo con­si­de­ra el se­gun­do gas in­ver­na­de­ro más im­por­tan­te.
  • Dió­xi­do de car­bo­no: es un gas in­co­lo­ro e ino­do­ro, cons­ti­tu­yen­te de la at­mós­fe­ra en una pro­por­ción es­ti­ma­da del 0,00033 por 100, con un tiem­po va­ria­ble de re­si­den­cia de en­tre 500 y 200 años.
  • Va­por de agua: es el gas in­ver­na­de­ro más im­por­tan­te, aun­que su ori­gen na­tu­ral es el más di­fí­cil de con­tro­lar.
  • Me­ta­no: De la fór­mu­la CH4, es el hi­dro­car­bu­ro sa­tu­ra­do más sen­ci­llo y el prin­ci­pal en la at­mós­fe­ra. Es más li­ge­ro que el ai­re, in­co­lo­ro, ino­do­ro e in­fla­ma­ble.
  • Oxi­do ni­tro­so: De fór­mu­la N20, es el más abun­dan­te de to­dos los óxi­dos de ni­tró­ge­no (don­de se en­glo­ban 7 com­pues­tos) y es un gas pro­du­ci­do por la fer­men­ta­ción bac­te­ria­na.
  • Clo­ro­fluo­ro­car­bu­ros: Los CFC son una fa­mi­lia de ga­ses de­ri­va­dos de hi­dro­car­bu­ros sen­ci­llos, co­mo el me­ta­no o el eta­no, don­de los áto­mos de hi­dró­ge­no fue­ron sus­ti­tui­dos por ha­ló­ge­nos.
  • Sus­ti­tu­tos de los CFC: pa­ra sus­ti­tuir los com­pues­tos an­te­rio­res, se pro­pu­sie­ron nue­vas fa­mi­lias de pro­duc­tos quí­mi­cos con di­fe­ren­tes im­pac­tos am­bien­ta­les so­bre la ca­pa de ozo­no.
7) ¿Qué en­ten­de­mos co­mo cam­bio cli­má­ti­co?
El cli­ma es el re­sul­ta­do del ba­lan­ce ener­gé­ti­co en­tre la ra­dia­ción so­lar ab­sor­bi­da por el sis­te­ma y la for­ma en que és­ta se dis­tri­bu­ye en­tre con­ti­nen­tes, océa­nos y at­mós­fe­ra. Hay tres pro­ce­sos cau­san­tes de un cam­bio cli­má­ti­co a es­ca­la glo­bal:
  • La mo­di­fi­ca­ción de la can­ti­dad de ener­gía que lle­ga a la par­te ex­te­rior de la at­mós­fe­ra de­bi­do a las al­te­ra­cio­nes en el Sol o por los mo­vi­mien­tos de la Tie­rra y del Sis­te­ma So­lar.
  • Los cam­bios en la res­pues­ta de la su­per­fi­cie te­rres­tre a la ra­dia­ción por la va­ria­ción de las pro­pie­da­des re­flec­to­ras del sue­lo (de­fo­res­ta­ción, cam­bios de uso).
  • La al­te­ra­ción de las ca­rac­te­rís­ti­cas ra­dia­ti­vas de la at­mós­fe­ra co­mo con­se­cuen­cia de los cam­bios en su com­po­si­ción quí­mi­ca.
8) ¿Por qué el cam­bio cli­má­ti­co ha lle­ga­do a ser el pro­ble­ma am­bien­tal más im­por­tan­te?
Por cua­tro ra­zo­nes el cam­bio cli­má­ti­co es el pro­ble­ma am­bien­tal más im­por­tan­te. En pri­mer lu­gar, por su ‘ca­rác­ter glo­bal’ ya que, des­pués de la se­gun­da Gue­rra Mun­dial afec­tan al pla­ne­ta en su con­jun­to -an­tes eran lo­ca­les o re­gio­na­les. La ‘per­sis­ten­cia’ de pro­duc­tos con­ta­mi­nan­tes que po­si­bi­li­tan su trans­por­te a áreas le­ja­nas. La ‘ra­pi­dez’ con que se ge­ne­ran, lo que pro­vo­ca años en equi­li­brar las con­di­cio­nes an­te­rio­res. Por úl­ti­mo, la ‘in­cer­ti­dum­bre’ por­que afec­ta a una gran can­ti­dad de va­ria­bles.

9) ¿Po­de­mos afir­mar ya con se­gu­ri­dad que el ser hu­ma­no es el res­pon­sa­ble del mis­mo?
Pe­se al de­ba­te que exis­te so­bre sus cau­sas, las prue­bas del cam­bio cli­má­ti­co son irre­fu­ta­bles. El re­gis­tro his­tó­ri­co de las tem­pe­ra­tu­ras, los fe­nó­me­nos me­teo­ro­ló­gi­cos más in­ten­sos o el pro­ce­so de fu­sión de los gla­cia­res al­pi­nos y po­la­res mues­tran que al­go preo­cu­pan­te es­tá ocu­rrien­do en el cli­ma. Las cau­sas del cam­bio pue­den ser múl­ti­ples. El Sol tie­ne se­gún va en­ve­je­cien­do va ha­cién­do­se más ca­lien­te. Las va­ria­cio­nes en el eje de la ór­bi­ta de la Tie­rra pro­vo­can in­cli­na­cio­nes que da­rían lu­gar a en­fria­mien­tos. En la dis­cu­sión so­bre las res­pon­sa­bi­li­da­des hay in­te­re­ses en­con­tra­dos co­mo el de las in­dus­trias pe­tro­le­ras, eléc­tri­cas y au­to­mo­tri­ces a las que no les con­vie­ne su­frir res­tric­cio­nes.

10) ¿Tie­nen to­dos los paí­ses la mis­ma res­pon­sa­bi­li­dad en el cam­bio de cli­ma?
El mun­do se en­cuen­tra di­vi­di­do en dos gran­des blo­ques: Nor­te de­sa­rro­lla­do y Sur em­po­bre­ci­do. Los pro­ble­mas am­bien­ta­les afec­tan a to­dos los rin­co­nes del pla­ne­ta, no to­dos los paí­ses tie­nen igual res­pon­sa­bi­li­dad en su gé­ne­sis. El por­cen­ta­je de las emi­sio­nes de dió­xi­do de car­bo­no por paí­ses es la si­guien­te: Es­ta­dos Uni­dos, 35%; Eu­ro­pa oc­ci­den­tal, 26; Asia, 13,3; Ex URSS, 13,2; Eu­ro­pa del Es­te, 6,6; Amé­ri­ca la­ti­na, 2,9; Afri­ca, 1,8; y Ocea­nía, 1,2.

11) ¿Có­mo afec­ta­rá el cam­bio cli­má­ti­co a los se­res hu­ma­nos?
El dió­xi­do de car­bo­no es tó­xi­co en ani­ma­les y hom­bres en con­cen­tra­cio­nes muy ele­va­das: a un 12% de oxí­ge­no hay que res­pi­rar muy rá­pi­do y se ex­pe­ri­men­tan fuer­tes ja­que­cas y por de­ba­jo de esa con­cen­tra­ción apa­re­ce la in­cons­cien­cia. Pe­ro los ries­gos no se re­pre­sen­tan por vía res­pi­ra­to­ria si­no por las va­ria­cio­nes del cli­ma: as­cen­sos en el ni­vel del mar, se­quías o inun­da­cio­nes. Tam­bién es­tá la­ten­te la pro­pa­ga­ción de en­fer­me­da­des.

12) ¿Có­mo afec­ta­ría el cam­bio cli­má­ti­co a las es­pe­cies ani­ma­les?
La tem­pe­ra­tu­ra ac­túa en los se­res vi­vos ace­le­ran­do las reac­cio­nes quí­mi­cas de su me­ta­bo­lis­mo, lo que in­flu­ye en su fi­sio­lo­gía. En cuan­to al agua, es una sus­tan­cia fun­da­men­tal pa­ra la vi­da y tam­bién li­mi­tan­te pa­ra mu­chas es­pe­cies. La cla­ve de la res­pues­ta bio­ló­gi­ca a los cam­bios ex­te­rio­res se en­cuen­tra en la ca­pa­ci­dad de adap­ta­ción. Así, cuan­to más brus­co y rá­pi­do sea la mo­di­fi­ca­ción, ma­yor di­fi­cul­tad de res­pues­ta ha­brá en las es­pe­cies.

13) ¿Có­mo afec­ta­rá el cam­bio cli­má­ti­co a la ve­ge­ta­ción, los cul­ti­vos y los há­bi­tats?
Los ve­ge­ta­les to­man el dió­xi­do de car­bo­no y pro­du­cen oxí­ge­no, ade­más de re­gu­lar la hu­me­dad y fi­ja­ción los sue­los. En pro­me­dio, un ár­bol de en­tre 15 y 20 me­tros, pro­du­ce anual­men­te al­re­de­dor de tres mi­llo­nes de li­tros de oxí­ge­no y se ne­ce­si­tan 210 ár­bo­les pa­ra ab­sor­ber una to­ne­la­da de dió­xi­do de car­bo­no. Las plan­tas de­pen­den de las con­di­cio­nes cli­má­ti­cas (hu­me­dad y tem­pe­ra­tu­ra) pa­ra su lo­ca­li­za­ción por lo que, en si­tua­cio­nes ad­ver­sas, se des­pla­zan ha­cia lu­ga­res más fa­vo­ra­bles.

14) Como varió la climatología y cómo variará
La ex­pe­rien­cia co­ti­dia­na in­di­ca que el cli­ma es­tá cam­bian­do con tem­pe­ra­tu­ras más ele­va­das y más ba­jas a las ha­bi­tua­les y fe­nó­me­nos me­teo­ro­ló­gi­cos in­ten­sos co­mo inun­da­cio­nes, ven­da­va­les, tor­na­dos u olas de ca­lor: una at­mós­fe­ra más ca­lien­te im­pli­ca ma­yor ener­gía y sus ma­ni­fes­ta­cio­nes las ve­mos en la vio­len­cia en es­tos ti­pos de su­ce­sos.

lunes, 2 de junio de 2008

Una nueva técnica abarata diez veces la producción de energía solar

Las energías alternativas están evolucionando, ante la futura necesidad de ir sustituyendo los combustibles fósiles cada vez surgen nuevos e importantes avances para mejorar el rendimiento de estas. Ahora le toca el turno a la energía solar, con un esperanzador desarrollo que permitiría la generación de energía solar gracias al uso conjunto de una célula solar comercial y un sistema de refrigeración avanzado basado en el metal líquido, similar al que se utiliza en la refrigeración durante la fabricación microprocesadores.

La técnica se basa en los concentradores solares, sistemas que capturan la luz del sol y la focalizan en un área diminuta de la célula solar, lo que hace aumentar de manera significativa su rendimiento, pero mejorando su funcionamiento. El principal problema de estos concentradores es que la luz concentrada genera temperaturas altísimas, pero ahora, ingenieros de IBM han conseguido aplicar una novedosa tecnología de enfriamiento, conocida como “interface de metal líquido”, ya utilizada para la fabricación de chips.

Para hacernos una idea, las lentes concentran unos 2.000 soles en un área muy pequeña, concentrando un calor capaz de fundir un trozo de acero inoxidable. La tecnología de refrigeración desarrollada rebaja esas temperaturas hasta sólo los 85 grados, permitiendo un record de 230 vatios de energía generada por una célula solar de un centímetro cuadrado. En la práctica, usando células solares de verdad, las pruebas han demostrado la capacidad de recuperar 70 vatios de energía utilizable a partir de ese centímetro cuadrado.

Según los investigadores, esta tecnología abarataría de manera considerable el coste habitual de refrigeración, así como reducir el número de células fotovoltaicas en una planta solar y concentrando más luz en cada célula solar. Esta técnica recortaría el número de células fotovoltaicas y otros componentes hasta diez veces.

La finalidad de estos proyectos es desarrollar estructuras fotovoltaicas eficientes que abaraten y minimicen su complejidad, así como mejorar la flexibilidad para producir energía solar.


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