martes, 17 de marzo de 2009

La sequía amenaza la contribución del Amazonas contra el cambio climático

La selva amazónica, que contribuye a ralentizar el cambio climático absorbiendo ingentes cantidades de CO2, es sorprendentemente sensible a la sequía, de acuerdo con una nueva investigación conducida en el bosque tropical más grande del mundo.

El estudio llevado a cabo durante treinta años y publicado en el último número de Science proporciona la primera evidencia sólida de que la sequía causa pérdidas masivas de carbono en los bosques tropicales, principalmente a través de la mortalidad de los árboles.

“Durante años, el Amazonas ha estado ayudando a ralentizar el cambio climático. Pero depender de este subsidio de la naturaleza es extremadamente peligroso”, declaró el doctor Oliver Phillips, catedrático de la Universidad de Leeds y autor principal de la investigación.

“Si los sumideros de carbono de la Tierra disminuyen, o se invierten, que según muestran nuestros resultados es posible que ocurra, los niveles de dióxido de carbono aumentarán incluso más rápido. Para estabilizar nuestro clima se necesitarán cortes más profundo en la emisiones”

El estudio, una colaboración global entre más de 40 instituciones, se basó en la inusual sequía del Amazonas del año 2005. Ello proporcionó a los científicos una visión del futuro clima de la región, en el que un Atlántico Norte tropical más caliente, probablemente podría causar estaciones secas más calurosas e intensas. La sequía del 2005 invirtió bruscamente décadas de absorción de carbono, en las cuales el Amazonas –cuyo tamaño es doce veces el de España– ayudó a ralentizar el cambio climático.

En años normales el bosque absorbe alrededor de 2 billones de toneladas de dióxido de carbono. La sequía causó una pérdida de más de 3 billones de toneladas. El impacto total de la sequía - 5 billones de toneladas extra de dióxido de carbono en la atmosfera - excede las emisiones anuales de Europa y Japón juntas.

"Visualmente, muchos de los bosques aparecieron poco afectados por la sequía, pero nuestros registros prueban tasas de mortalidad aceleradas. Debido a que la región es tan extensa, pequeños efectos ecológicos pueden llegar a provocar un gran impacto en el ciclo de carbono del planeta” explica el profesor Phillips.

“Algunas especies, incluyendo algunas palmeras importantes, fueron especialmente vulnerables” - añade Abel Monteagudo, botanista peruano co autor del artículo, “mostrando que las sequía también amenaza la biodiversidad”.

El Amazonas representa más de la mitad de los bosques tropicales del mundo, cubriendo un área 25 veces más grande que el Reino Unido. No hay otro ecosistema en la tierra que albergue tantas especies ni ejerza tal control en el ciclo del carbono. El estudio se llevó a cabo por 68 científicos de 13 países diferentes que trabajan en RAINFOR, una red de investigación única dedicada a monitorizar los bosques del Amazonas.

Para calcular los cambios en el almacenamiento de carbono, los científicos examinaron más de 100 parcelas de bosque en las 600 mil hectáreas de Amazonas, identificaron y midieron más de 100.000 árboles, y registraron muertes de árboles así como, nuevos árboles. Los patrones climáticos también fueron medidos con detalle y representados en mapas.

Debido a la sequía de 2005, el equipo de RAINFOR sacó partido de este inmenso experimento natural, y enfocó sus mediciones en valorar como la sequía había afectado el bosque. El estudio encontró que durante al menos 25 años el bosque del Amazonas actuó como un gran sumidero de carbono. Un proceso similar ha estado ocurriendo también en África.

De hecho, durante las recientes décadas los bosques tropicales han absorbido una quinta parte de las emisiones globales de combustible fósil. Pero en 2005 este proceso se invirtió. La mortalidad de los árboles se aceleró más allí donde la sequía fue más fuerte, e incluso localizaciones sujetas a una sequía suave se vieron afectadas. Gracias al estudio, ahora sabemos la sensibilidad exacta del Amazonas al calentamiento y la sequía. De repetirse, las sequías del Amazonas acelerarían el calentamiento climático y en un futuro éstas serían incluso más perjudiciales.


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