domingo, 24 de mayo de 2009

Científicos estadounidenses hallan unas partículas biológicas atmosféricas que confirman el cambio climático

Científicos de la Universidad de San Diego (Estados Unidos) han descubierto unas partículas biológicas en la atmósfera que vienen a confirmar que la Tierra está viviendo un cambio climático. Según estos expertos, dichas partículas alteran la formación de las nubes y la conformación de hielo en las mismas.

Este descubrimiento constituiría la evidencia "más directa" de la existencia del proceso de calentamiento global en la Tierra. Los expertos tomaron muestras de gotas de agua y de residuos cristalinos en el cielo desde un avión en 2007. Estas muestras se componían de partículas biológicas como bacterias, esporas de hongos y plantas.

El trabajo, cuyos detalles de muestran en el portal "Science Daily", demuestra "in situ" y por primera vez la directa implicación de estas partículas en el proceso de formación de "nubes de hielo" en la atmósfera, señalaron los científicos. El efecto de estas partículas, que son transportadas por el aire, en la formación de las nubes ha supuesto uno de los aspectos más difíciles para el estudio del clima. En el campo del cambio climático, la actividad de estas partículas en las nubes representa lo que los científicos consideran la mayor incertidumbre para la predicción de futuros modelos climáticos.

Estas partículas proceden del polvo atmosférico, del hollín, de la sal del mar, además de materiales orgánicos, que viajan en el aire durante largas distancias por las nubes. Alrededor de estos núcleos, el agua y el hielo en la atmósfera se condensan y precipitan. Los científicos están intentando entender cómo la formación de nubes desempeña un papel crítico tanto en el enfriamiento de la atmósfera como en los procesos de precipitación.

Las conclusiones a las que han llegado demuestran que las partículas biológicas que se transportan durante largas distancias en la atmósfera ayudan a inducir la formación de hielo en las nubes en función de su procedencia. Así, por ejemplo, la evidencia inicial sugiere cada vez más que el polvo transportado de Asia podría influenciar la precipitación en Norteamérica.


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