miércoles, 11 de junio de 2008

Deshielo del permafrost

Alteraciones en ecosistemas como la tundra, desestabilización de edificios y carreteras, árboles que pierden su verticalidad, rutas migratorias afectadas, corrientes marinas y fluviales perturbadas o liberación de enormes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Son algunas de las consecuencias de que el permafrost, el subsuelo terrestre que permanece congelado, se esté derritiendo por efecto del calentamiento global.

Las regiones con permafrost ocupan una cuarta parte de las tierras emergidas del planeta, entre ellas las zonas polares y de alta montaña. Groenlandia está cubierta casi en su totalidad por permafrost, mientras que Canadá, Alaska, el norte de Europa, Asia o la Antártida cuentan con grandes zonas de este subsuelo congelado. En este sentido, algunas ciudades del Noreste de Siberia se han construido sobre este cimiento natural.

Cada vez más investigaciones alertan del derretimiento progresivo de esta capa de hielo como consecuencia del cambio climático. Según una simulación realizada en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR) estadounidense, de mantenerse las actuales condiciones, de aquí a 2050 la mitad del subsuelo helado del hemisferio norte podría desaparecer y, para 2100, hasta un 90% de la superficie actual.

En uno de los ríos más largos del mundo, el Lena, que atraviesa Siberia central y desemboca en el Océano Ártico, los efectos ya se perciben de manera notable. Así lo ha indicado un trabajo realizado por científicos franceses, rusos y estadounidenses, coordinados por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia.

Los investigadores han comprobado que cada año es mayor el permafrost de esta zona que se derrite, lo que provoca que esa agua de deshielo acabe en el Lena. El aumento del caudal del río está erosionando sus riberas, lo que constituye un grave peligro para los asentamientos urbanos cercanos. Asimismo, durante el invierno, el Lena congelado es utilizado para el transporte de mercancías por camión. Al estar perdiendo su grosor, esta "autopista" podría estar en peligro, lo que afectaría a la economía de la región.

Los científicos que estudian el cambio climático están otorgando al permafrost una importancia cada vez mayor. Si continúa su deshielo, además de sus negativas consecuencias sobre los ecosistemas o las infraestructuras humanas, contribuirá a intensificar el calentamiento global. Este hecho se debe a que en sus capas superiores almacena grandes cantidades de CO2 y metano, dos de los peores gases de efecto invernadero (GEI). Si el permafrost se derrite, estos gases contaminantes acabarían escapando a la atmósfera.


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